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Blog de Mme García Senín

1º BACHIBAC – BIOLOGÍA

NEUROCIENCIA

Escrito por el 6 octubre, 2014 en 1º Bachibac, 1º BACHIBAC - BIOLOGÍA | 0 comentarios

En el vídeo anterior, podemos observar como una rata parapléjica, con la médula espinal completamente partida en dos, camina con pasmosa fluidez por una cinta de correr e incluso salta obstáculos. Erguida sobre sus patas traseras gracias a un arnés que funciona como una madre que ayuda a caminar a su niño, es capaz de dar más de 1.000 pasos durante 25 minutos, sin fallos, pese a tener cortada la médula, el cable que conecta el cerebro con las patas.  Los movimientos del roedor, sin embargo, no son voluntarios. Las cinco ratas protagonistas del experimento son como marionetas movidas por hilos invisibles: dos electrodos flexibles que transmiten impulsos eléctricos sobre su médula espinal. Detrás de esos hilos invisibles se encuentra el neuroingeniero español Eduardo Martín Moraud y su equipo de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza). La técnica, conocida como estimulación eléctrica epidural, no es nueva. En 2009, el neurocientífico estadounidense Reggie Edgerton demostró que ratas parapléjicas podían dar pasos más o menos coordinados tras recibir impulsos eléctricos en una médula espinal lesionada.

Reactivar la médula espinal

Este mismo 2014, también gracias al equipo de Edgerton, cuatro hombres parapléjicos desde hacía años consiguieron mover voluntariamente sus caderas, tobillos y dedos de los pies gracias a la estimulación eléctrica continua en su médula espinal. Los cuatro jóvenes sufrían una lesión parcial de la médula espinal, la típica en los accidentes de tráfico. Gracias a la electricidad, la médula espinal reactivó los circuitos neuronales residuales que la conectaban con el cerebro y los chicos pudieron volver a mover algunos de sus músculos voluntariamente.  Los investigadores creen que podrían mejorar la rehabilitación de las personas con lesiones medulares

Pero el nuevo estudio en Suiza “va más allá”. Gracias a una red de cámaras y a un sofisticado algoritmo matemático que monitoriza los movimientos de las ratas, el sistema se automodula y optimiza los impulsos eléctricos que reciben los roedores, para que sus pasos y saltos sean perfectos. No sólo se reactiva la médula espinal, sino que se puede modular en tiempo real. Al aumentar la frecuencia de los impulsos eléctricos, las patas se elevan más. El sistema aprovecha esta característica para adaptar en tiempo real la marcha de las ratas a los obstáculos que encuentran en su camino, sin que sea necesaria la intervención humana.

Los autores del trabajo, publicado hoy en la revista Science Translational Medicine, creen que esta estrategia podría servir en un futuro para mejorar los programas de rehabilitación de personas con lesiones en la médula espinal, evitando pérdidas de masa muscular y facilitando la recuperación de la locomoción.

El talón de Aquiles

El principal responsable del nuevo estudio, el neurocientífico francés Grégoire Courtine, sostiene que la técnica podría aplicarse a una decena de personas voluntarias a partir del verano de 2015, si las autoridades suizas aprueban los ensayos clínicos. El plan forma parte del proyecto europeo NEUWalk, financiado con nueve millones de euros de la UE.

El talón de Aquiles de la investigación, según admite Courtine, es que el éxito en las ratas se ha debido en parte a la inyección de un cóctel de fármacos que facilita la acción de la estimulación eléctrica en las patas paralizadas de los roedores. Los componentes farmacológicos todavía no están listos para trasladarlos a los humanos.

El equipo de Courtine también trabaja ahora en algo que hoy es ciencia ficción. Estamos implantando sondas en la corteza motora del cerebro [de ratas] para descodificar sus intenciones de movimiento y utilizar esta actividad para regular las estimulación de la médula espinal, explica. El sistema, en fase muy experimental, permitiría que un dispositivo externo conectara el cerebro y las patas incluso con una médula espinal partida en dos.

A su juicio, el inicio de ensayos clínicos en humanos en 2015 sería “alentador”, pero pide cautela: Debe quedar claro que estamos dando los primeros pasos para entender cómo aprovechar la función residual de la médula espinal que persiste en muchas personas con lesiones graves.

Texto adptado de http://elpais.com/elpais/2014/09/26/ciencia/1411731242_894168.html